Estaban almorzando en silencio. Alice estaba cabizbaja, pero era una costumbre últimamente. Adquirió el valor para decir en voz baja "No está funcionando". Cuando pronunció esas palabras, el peso de días de tristeza se transformó en un nudo apretado en su garganta. No dijo nada más. Su madre la miró algo extrañada, pero en el fondo sabía a lo que se refería.
- ¿La extrañás?
Alice era incapaz de hablar, pero asintió despacio. Las lágrimas comenzaron a descender de sus ojos, constante y lentamente.
- ¿No la has dejado de extrañar ni un poco?
Las lagrimas seguían mojando el rostro de Alice y ella seguía en silencio. Sin embargo, una sonrisa triste y tímida se asomó por su cara mientras negó con la cabeza.
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